jueves, 8 de diciembre de 2016

un CORRALITO en el Caribe



Entre el sol vespertino de este final de otoño en Barcelona, abro los diarios y una noticia sobre Venezuela llama mi atención, “En la frontera con Colombia, centenares de mujeres venezolanas han encontrado una forma de conseguir dinero para comprar las medicinas y alimentos que no consiguen en su país: vendiendo sus cabellos”. No puedo evitar estremecerme ante el dolor que me produce saber lo que esto significa, un país en ruinas, el hambre y la miseria cabalgan las calles de mi patria …ese negocio oportunista, el comunismo del siglo XX, el socialismo del siglo XXI.  
Mientras tanto, el mundo entero se distrae con el show montado por la tiranía caribeña más longeva del mundo, la muerte del DICTADOR genocida Fidel Castro y el “carromato tercermundista” que pasea por las calles de Cuba. Veo con vergüenza los “demócratas” de diferentes lugares que rinden loas y pleitesía al asesino de cientos de miles, a quien convirtió a su patria, la de los míos, en una suerte de Isla-Cárcel, donde sólo Él decidía el qué, cómo, dónde y cuándo de todo cuanto ocurriera en ella desde “su revolución” en 1958.
Entretanto, en el país que le ha oxigenado, que le ha servido de sustento desde hace 18 años y llenado las arcas del régimen, Venezuela, se repite esa maldición de la economía que se traduce en la miseria más profunda que un pueblo puede vivir: el CORRALITO. 
Hace tan solo un año y medio escribía sobre el CORRALITO vivido en la Argentina de finales del 2001, de esa palabreja que se vivía en un país cuyo sistema estalló en pedazos, los bancos no daban dinero y cientos de miles perdieron sus ahorros, incluso la vida, entre la enfermedad y el suicidio. Otros se plantearon el “exilio”, como en los 70-80’s cuando a tantos recibió Venezuela.
Hace tan solo un año y medio escribía sobre el CORRALITO, pues se vivía en Grecia, en el corazón de esta vieja Europa. De nuevo, los ciudadanos de a pie los más afectados. Como había ocurrido 14 años antes en el país austral, la tragedia se repetía en un continente que se creía inmune a ello. 
Desde hace más de una semana, los bancos venezolanos no dan efectivo, pero sí admiten ingresos. Los puntos de venta (datafonos) que ya habían empezado a “dar problemas”, estos últimos días el colapso se ha hecho patente en muchas zonas, tanto comercios como cajeros automáticos no permiten retirar dinero, porque “no hay”. Y se repite la palabreja, CORRALITO…
Hoy, en este mundo cada vez más globalizado y sistematizado, cuando diferentes webs internacionales permiten la compra hasta de alimentos con entrega puerta a puerta, en la Venezuela actual se ha tornado a la cultura del conuco y del trueque en pleno siglo XXI.
Paralelamente hemos sido testigos de un “diálogo” o “pre-diálogo” entre la pseudo oposición venezolana y la dictadura. Como garantes quienes han dispuesto la UNASUR de Samper, los Castro y las FARC.
el Bolívar débil
Entre tanto, la moneda venezolana se ha devaluado exponencialmente, durante la última semana de noviembre el dólar duplicó su valor frente a un bolívar cada vez más débil, cada vez más inexistente. Aparecen nuevos billetes, agregando un cero más, como imagen de la “estanflación”.
El régimen impone su propia “cartilla de racionamiento”, siempre que estén en el partido de la dictadura. Han creado los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), con sus bolsitas de comida, las que ahora reparten como clones los partidos de la Mesa de la Unidad convertidos en sus plañideras.
La entrega en trocitos de esta Venezuela continúa sibilinamente. Se han firmado convenios con Irán, China, países de Latinoamérica y ahora Rusia llega a acuerdos con el régimen en "minería e hidrocarburos". ¿Qué importa si es legal o no, cuando lo "ejecuta" una dictadura? Esa que tiene la represión y violación de los DDHH como norma, la violencia de grupos armados como forma de vida, el desabastecimiento y la miseria como métodos de control sobre una población donde el “no hay” se sigue repitiendo como una letanía.
Me repito, el CORRALITO, que se vive intensamente en el Caribe mientras el mundo permanece mudo, silente, sin levantar la mano.

Ya no está quien regalaba el dinero y bienes de los venezolanos a manos llenas, Chávez murió, pero dejó su huella terrible sobre un pueblo sumido en la inopia. En un genocidio planificado dirigido desde La Habana, con diferentes partícipes, los comunistas relacionados con aquellas guerrillas de los años 60’s, incluyendo esos de nueva factura como los de CEPS, Monedero, Iglesias, Bescansa, Errejón y su entorno ahora en Podemos y el CELAG, los militares que se han plegado al régimen, además de Zapatero, Fernández y Torrijos, los delegados del Vaticano y hasta aquellos que han llegado a “chupar” cual quirópteros todo cuanto han podido de una nación con las reservas petrolíferas y de gas más importante del mundo. 
Pero no debemos excluir de este “selecto grupo” a esa pseudo oposición, que ha pactado con el régimen y entregado las esperanzas que una nación depositó en ella. La Asamblea Nacional no asumió su responsabilidad y las "promesas" llevadas como estandarte aquel 6 de diciembre de 2015, debía “designar a los 5 rectores del CNE, a los magistrados del TSJ, el Fiscal General, investigar nacionalidad y realizar juicio político a Maduro”.
La representación de la mayoría del pueblo ha sido despreciada y desechada. Mientras sigue la crisis humanitaria, los presos políticos aumentan y el país ha pasado a ser una cárcel gigante, la claustrofobia un lugar común, como la desesperanza. 

...“La Salida” se ha transformado en un suelo multicolor de un exilio que se vive desde dentro y fuera de Venezuela. 


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