miércoles, 6 de enero de 2016

"lo que cambia es el presente"



El día de ayer, 5 de enero, los venezolanos desde dentro del país y fuera de él estábamos con el corazón en la mano, sin saber a ciencia cierta qué ocurriría y cómo. La Asamblea Nacional, anteriormente Congreso de la República de Venezuela, iniciaba sus labores con nuevos nombres, caras llenas de ilusión y compromiso. Los ciudadanos depositaron en una mayoría distinta un mandato: “servir a la patria y a su pueblo". 

Los nuevos diputados llegaron en autobuses frente a un edificio emblemático rodeado por la Guardia Nacional, quien hacía un cordón humano y les impedía el paso. Poco a poco fueron rompiendo, sin violencia ese, aparentemente, último obstáculo para alcanzar el hemiciclo y tomar posesión de sus cargos. Entretanto, parte de esa oposición estaba en las afueras, y por primera vez, después de 17 años de represión alcanzaron el centro de Caracas y se ubicaron cerca de un edificio con más de 143 años de historia, y es que dentro se iba a escribir una parte importante de ella. 


Edificio del Congreso de Venezuela
Imagen de Paulino Morán 

En su discurso de investidura, el nuevo presidente del Congreso, Henry Ramos Allup mencionó Se recuperará la autonomía del Poder Legislativo que ha sido la caja de resonancia de Miraflores. Ofrecimos una ley de amnistía para los presos y exiliados, y acordamos que en un lapso de seis meses cambiaríamos el gobierno por vía constitucional. Eso lo haremos”. Como dicen mis hermanas, nunca pensamos que íbamos a aplaudir a un adeco, no somos socialdemócratas, estamos muy lejos de las ideas socialistas, pero ayer era un día de reconciliación, como lo fue la firma del Pacto de Punto Fijo, luego del 23 de enero de 1958 cuando cayó la dictadura PerezJimenista, que a pesar de la represión a la oposición, a diferencia de la CastroChavista dejó grandes obras a Venezuela y un país en vías de desarrollo. 

En 17 años nos hemos debatido entre la violencia, el desabastecimiento, la corrupción, la inflación que hoy supera los 3 dígitos (aproximadamente 270%), con un salario que se devalúa por encima del 600%. El control cambiario donde los chavistas controlan desde el otorgamiento del permiso de las compras de divisas por vías legales, hasta el mercado negro. La riqueza mal habida de miles de funcionarios incluyendo la cúpula de las Fuerzas Armadas. Las cuotas de poder que se han otorgado al margen de la ley al llamado “Poder Popular” o Comunal, que ha degenerado en el sistema económico de miseria conocida como bachaqueo, donde se vende en un mercado negro consentido desde el régimen dictatorial, la venta por más del triple de su valor, de los productos de la cesta básica del venezolano. Sin duda, son elementos que han llegado a un límite insostenible, por un barril de petróleo que está por debajo de $30 y no en los valores que manejó Hugo Chávez, por encima de $100, con lo que a pesar de la improductividad del régimen, mantenía el sistema a base de importación o un trueque, regalando el petróleo a sus países aliados.


Lo ocurrido ayer en Venezuela es el resultado de años de trabajo intenso, de negociaciones entre una oposición con ideas distintas, propuestas diferentes para un mismo fin, un país en democracia, paz y libertad. Después del 6 de diciembre pasado, finalmente podemos sonreír entre venezolanos con la legalidad de nuestra parte. 


Como he mencionado antes, han sido 17 años de lucha constante, de protestas portando una bandera como arma mientras el régimen reprimía con bombas lacrimógenas, tanques y balas, que aún al día de hoy, no dejan de “enlutar” familias enteras. Hemos estado inmersos en cientos de procesos de votación con un régimen que no ha dudado en usar su poder para incluso, cambiar los números a su favor. Hemos vivido la destrucción de un sistema productivo, cierre de fábricas, expropiaciones ilegales, de pérdida, mucha pérdida, de muertos, persecuciones. Un país que se ha vuelto distante y distinto. Irreconocible para muchos, pero que ha tenido hombres y mujeres que no han cesado, que han ido en contrasentido. Ayer, un primer fruto dulce, como los mangos de casa de mis padres, como las piñas de mi tierra. El aroma a tierra verde, a brisa fresca en un día irreverentemente soleado lo llenaba todo para dejarnos una imagen que quedará en nuestras retinas.


Somos casi dos millones de venezolanos que hemos tenido que salir del país, por activa o por pasiva. Justamente hoy, día de Reyes cumplo 11 años de haber tomado mis maletas y recorrido el suelo de colores del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, como muchos otros, con la vida en una maleta. Es un día especial, lleno de sentimientos encontrados... 


Sigo pensando que nos movemos en fechas importantes e históricas. Un 6 de diciembre llegó Hugo Chávez al poder, un 6 de diciembre, hace exactamente un mes se derrotó el chavismo y, lo más importante, fue reconocido. Ayer, 5 de enero cayó ante nuestros ojos la imagen de un dictador en el salón de los diputados. En pocos días celebraremos el 23 de enero, día de la democracia, de esa tan vilipendiada época de 40 años...sabemos que hay mucho por delante, esto es solo una parte muy importante de la historia. Que a nadie se le olvide el por qué hemos llegado hasta aquí, que siempre tengamos presente este duro y gran aprendizaje. Como dijo Ramos Allup, “lo que cambia es el presente”, y tengo la confianza que en ello “estamos”. 




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